miércoles, 15 de marzo de 2017

El destierro voluntario



Remolimos en la cabeza, remolinos que levantan polvaredas de silencio.

Turbonadas espesas giran la danza del pensamiento.

Aprestan sus dardos las flechas que saltan ateridas hacia el velo del cerebro.

La luna difumina el tapiz gris de la noche y un murciélago vuela en círculos repitiendo los esquemas.

Asideros emboscados aparecen en destellos metálicos.

Hay que aferrarse a ellos y batir el cobre al ritmo del tam tam que urge al reposo,


escoger el rincón menos inhóspito y dejarme caer, hecha un ovillo, al resguardo de los remolinos.